Se acerca el 8 de marzo y como cada año, en lugar de flores y mensajes maternistas, dedico la jornada a escribir más y mejor sobre las luchas individuales y colectivas que llevamos las mujeres de todo el mundo.
Esta semana se ha hecho viral la historia de Paola Schietekat, una mexicana que trabajaba en Qatar, en el Comité Organizador de la Copa del Mundo que comenzará en noviembre. Paola fue violada y condenada a 100 latigazos y 7 años de prisión, porque en ese país mantener relaciones sexuales extramaritales tiene ese castigo. Paola documentó los golpes con fotografías, fue a la policía con su abogada, realizó el proceso de denuncia con la integridad que todas quisiéramos tener y en cuestión de minutos pasó de víctima a acusada, sencillamente porque su violador dijo que eran novios. Paola está de vuelta en México, tuvo que renunciar al trabajo de sus sueños y ahora pasa sobre su dolor para buscar justicia. Paola es admirable.

Llevo unos días leyendo esta noticia y francamente fue tanta la rabia, la impotencia y el dolor, que demoré en decidirme a escribir. Pero ahí va:
Lo que me preocupa, indigna, asquea y aterra es la celebración de la Copa del Mundo. Es uno de los eventos que más turistas atrae al país organizador, que más visibilidad le da (millones de transmisiones en todas las plataformas), ingresos de todo tipo, en fin, beneficios. Beneficios que recibirá un gobierno, un sistema judicial, una sociedad que condena a las mujeres a los más salvajes castigos por ser VÍCTIMAS DE VIOLACIÓN.

¿Te imaginas acudir al Mundial, ser violada y que te digan «cásate con tu violador»? ¿Sabes cuál es la tasa de violación en eventos deportivos de esa magnitud? ¿Te imaginas ser una aficionada, jugadora, pariente de futbolista o trabajadora en el evento y estar en peligro no solo de violencia física sino de castigo por haber sido violentada?
Amo el fútbol, espero con ansias las Copas Mundiales, daría lo que no tengo por 15 minutos en un estadio, pero esto me sobrepasa. Yo no iría, no daría mis ingresos a un país que no garantiza mi seguridad, no apoyaría un espectáculo machista y violento. Qatar 2022 es un error, lo es desde que se escogió la sede.
Y no se trata de ahora caer contra el Islam, la misma Paola lo dice. Esto es un tema puramente jurídico que trasciende el religioso. Que la rabia contra la injusticia no saque lo peor de nosotros.

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