Siempre me pregunté por qué el fútbol femenil no goza de la popularidad y relevancia del otro.
Tengo una teoría: el fútbol masculino va del yo, el femenil de nosotrxs. Pensemos: pocas, muy pocas veces los compañeritos multimillonarios se han preocupado por las causas sociales y han utilizado sus ejemplos personales como motivación para el resto. Ojo, no estoy hablando de «nací en el seno de una familia humilde, entrené mucho y ahora tengo tres carros, cuatro casas y estoy buenísimo» 🙄 Hablo de la representatividad plural por la que abogan LAS futbolistas, a quiénes el dinero no parece moverlas tanto como sí la oportunidad de hablar. (Pausa para dejar claro que las diferencias salariales son injustificables y medievales)
Y es que, obviamente, si de algo sabemos las mujeres es de silencio perenne y lucha por el derecho a ser. Entonces no me da la gana de hablar de Messi (todxs hablan de él, o del otro, no hay necesidad) en esta entrega del Ballon D’Or, y sí de Alexia Putellas, la primera española en ganar el trofeo y que ha tenido una temporada de ensueño con el FC Barcelona.

Quiero hablar de Megan Rapinoe, una de las tipas con más swing e influencia en el deporte mundial y de Alex Morgan, otra duraka que anda con su chama en la cadera parriba y pabajo.


De Formiga, que se tuvo que enfrentar a sus hermanos en una favela brasileña para poder cumplir su sueño.

De todas las mujeres que se meten el santo día corriendo detrás de una pelota para ser reconocidas, exitosas y felices, aunque el algoritmo de Google se empeñe en tirar estas tallas cuando una teclee «fútbol femenino». 👇🏻

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