Nueva Resolución

Empecé a hacer ejercicios. Lo sé, tuve todo el tiempo del mundo en la cuarentena y no lo aproveché, pero cada cosa con su tiempo. Ahora fue que se me encendieron las alarmas, cuando la pesa de mi amiga marcó las 200lbs, parece que 200 es mi límite moral y dije «hasta aquí las clases». Empecé con videos de Youtube: gimnasio en casa, nada de saltos por ahora (me puedo lastimar la rodilla), solo aerobics y tal. El cuerpo está tan entumecido que necesita calentamiento espeso.

Por qué, preguntarán lxs vecinxs del apartamento, si defiendo a ultranza el derecho a ser y vivir feliz. Pues por eso mismo. Quizás ni siquiera baje de peso, en definitiva otras veces he hecho esos ejercicios y nada pasó, pero al menos el cuerpo cogerá resistencia, elasticidad, energía y un montón de cosas buenas que necesita por los trabajos que se vienen pronto.

Me he levantado con el dolor ese de quién empezó a moverse después de una larga hibernación, y me gusta. La ropa también estaba sufriendo, cada día tengo menos que ponerme y en la nueva fase en la que estoy de «me pongo perra y divina con mis aretes y mis gangarrias» es muy cheo no tener para vestir. Nota aparte: ando buscando emprendedorxs que hagan ropa y/o zapatos.

Bueno ya, que me dio la gana de ejercitar. Quizás el ímpetu me dure una semana, quizás más. Ya veremos.

Una amiga hizo un post hablando sobre lxs compañerxs de primaria y secundaria que se burlaban de ella por ser gorda y hoy cargan con las libras de la edad, la maternidad y el «buen comer». Mi amiga reflexionaba sobre el bullying sufrido, los perdonaba y pedía que criasen a sus hijxs en una vida lejos de eso. Bien por ella, mi amiga es una buena persona. Yo no llego a tanto.

Honestamente, no recuerdo eventos de bullying extremo contra mí por ser gorda, solo uno en 9no grado. Antes atribuía las burlas y malas caras a mi condición de puntualita, nunca las asocié a mi peso porque…no se me ocurrió. En 9no la cosa cambió drásticamente, al entrar a un aula nueva. Me hicieron la guerra con nombretes, se reían y me pasaban papeles. Una muchacha era la que dirigía todo aquello, y hasta me decía cosas horribles en la cara, como aquella vez que convenció a una de mis supuestas mejores amigas para que yo no bailara en sus 15 por gorda (delante de toda el aula). Esa fue la única vez que me tiré a llorar en cama, toda deprimida. Pero como tengo un santo que me acompaña y está clarísimo, al mes aquella chiquita cruel tuvo un accidente de tránsito y salió con la cara desping… lastimada.

De aquello han pasado 10 años y la cosa es que la decisión de bajar de peso es mía y de nadie más. Mientras sea una motivación propia no hay absolutamente nada de errado, lo jodío es hacerlo por presión del mundo.

Por cierto, mis compañerxs no son como los de mi amiga de Facebook. Las muchachas parieron casi todas pero están más flacas que nunca, y las otras se han metido silicona y demás. La mayoría vive afuera y por las fotos y comentarios están más plásticxs que nunca, me da igual. Si así son felices, bien por ellxs. Esta que está aquí no se arrepiente de na ni les debe nada.


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