Hace más de un año vengo pensándome esta entrada, y la voy a escribir ahora, pasadas las 2am del 6 de abril, segundo Día Internacional de la Asexualidad que celebro, o reconozco, o qué sé yo.
Y lo voy a escribir porque siento que es importante, porque es una parte mía que me da orgullo proclamar y defender; porque nadie tiene derecho a decirme qué hacer, sentir o desear.

No tengo que explicar con qué denominación me identifico, la mayoría de las veces hay una conjunción de varias. No tengo que explicar qué se siente o por qué elijo usar la bandera. No tengo que educarte, para eso existe Internet, el deseo personal de aprender y el respeto que deberíamos sentir los unos a los otros.

Lo que sí tengo es derecho a defenderme, a responder cuando me dicen que las etiquetas dividen, cuando me cuestionan mi estilo de vida, cuando me (nos) llaman excéntricxs o peores calificativos. La asexualidad no es una elección, pero estudiarla me ha dado la explicación que por tanto tiempo busqué y que me hizo sentir excluida, ignorada, no deseada, acomplejada.

Yo soy asexual, y eso no significa que mi intimidad esté dañada. La sensación de seguridad e independencia que me da reconocer y abrazar mi preferencia, es infinita.

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