Kykubi, voy a intentar decir lo que no pude en su momento. Te voy a ser sincera, estaba dispuesta a dar por perdido este blog, lo iba a enterrar para siempre pero me pareció incorrecto porque esta también era tu casa.
Si hubo alguien que me leyó, alguien que comentó todo cuanto escribía, alguien que siempre me alentó a seguir, fuiste tú.

Te pedí cuentos para adaptar a la TV, siempre me los diste, nunca los pude hacer. Incluso la última vez que hablamos, y me dijiste que estabas luchando contra todo, me diste autorización para que hiciera con ellos lo que quisiera. Yo no sabía de tus luchas, y me arrepiento una y mil veces no haberte preguntado.

Perdóname, Yadira, por haber respetado demasiado tu intimidad, aunque el mundo entero lo sabía porque como siempre usaste tu vida para inspirar a otros, y yo no estaba ahí. Perdóname por no haber ido al mar, a tu despedida. Perdóname por haberte escrito demasiado tarde, cuando ya no me podías responder.
Ahora, que estoy al otro lado del océano, acabada de renacer, pienso en ti casi todos los días. Cómo puede ser que una persona que llegó a mí por terceros, que siempre parecía estar un paso demasiado lejos habite mi mente con tanto peso.

Esa eras tú, encantándome con tus cuentos fantásticos, pidiéndole al mundo por favor que lea poesía, mostrando la pedagogía como una forma de sentir y no como una profesión.
Te extraño, Kykubi, elijo tenerte siempre aquí, en mi primer piso, aunque tú vivas por allá arriba para siempre 🌻.

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Siempre he pensado que la mejor manera de vivir es habitar el corazón de los amigos. Ella se quedó en ustedes y en su poesía ¡Vivísima!